EN LA ENFERMEDAD HAY ESPERANZA

Por: Dra. Maricruz Perezamador
Médica anestesista con especialidad en algología

MARZO 2020

"Nunca he encontrado un paciente que busque la muerte o ayuda para morir; su deseo mayor siempre es la curación y cuando no es posible lo que desean es el menor dolor y la compañía. Y eso es lo que todos como sociedad deberíamos hacer."

Una mañana como muchas otras. Las salas de espera llenas de gente, sillas de ruedas, pacientes haciendo preguntas, familiares esperando a que su enfermo salga de algún estudio. Médicos y enfermeras andando apresuradamente aparentemente sin mirar con detalle a quienes aguardan su turno... Mientras veo estas escenas cotidianas espero el ascensor para llegar al quirófano, preparo lo necesario junto con mi equipo de trabajo y recibimos a nuestro paciente, un hombre de 76 años con un cáncer gástrico. Revisamos nuevamente el procedimiento y vamos a recibirlo. Está sonriente y nervioso Charlamos un poco y me cuenta que desea estar bien para el nacimiento de su nieto el próximo mes. Bromeamos y reímos, eso lo relaja poco a poco. Tengo pocos minutos para que se sienta tranquilo y confortado. Cuando voy a iniciar la anestesia nos pide que lo cuidemos bien, se persigna y comienza la cuenta: diez, nueve, ocho y el anestésico hace el efecto deseado. Desafortunadamente la cirugía dura menos de lo previsto porque los cirujanos encuentran que la enfermedad está más avanzada de lo que creían y hay que dar más quimioterapia. Horas después lo veo en la sala de recuperación, triste pero esperanzado en que el nuevo tratamiento le permita cumplir sus deseos y estar al lado de su familia más tiempo.

Los enfermos pueden tolerar la incurabilidad, pero no la pérdida de la esperanza; pueden sentirse abrumados frente a los tratamientos, pero no desean morir...
 
Trabajo en un hospital oncológico desde hace 25 años y he tenido la fortuna de acompañar a miles de pacientes durante su enfermedad.

La sociedad moderna considera  la muerte como un fracaso de la medicina cuando en muchos casos se debe a un proceso natural e inevitable de la enfermedad.
Nadie desea tener dolor, pero eso es inevitable, nadie desea sufrir y eso sí es evitable. En muchas ocasiones acompañar y ser empáticos es lo mejor que podemos hacer, cuando curar no es posible. El temor ante el dolor físico es en ocasiones peor que lo que realmente ocurre, el miedo ante lo desconocido sobrepasa la realidad.

A menudo nos encontramos con pacientes que a pesar de todos los esfuerzos médicos y científicos no es posible curar... entonces incrementamos los esfuerzos para que estén cómodos y con el menor dolor posible. Cambiamos el uso de alta tecnología por atención.
Se ha dado enorme importancia en los últimos años a la “muerte digna” o el bien morir confundiendo este concepto con la eutanasia. Los cuidados de confort como analgesia, hidratación o fisioterapia cuando no hay tratamiento curativo no significan que se busque intencionadamente la muerte del enfermo o que se deje de actuar, es momento de cambiar la respuesta frente a lo inevitable.

En todos mis años de práctica médica con pacientes graves nunca he encontrado a alguno que intencionada y deliberadamente busque la muerte o ayuda para morir; su deseo mayor siempre es la curación y cuando no es posible lo que desean es el menor dolor y la compañía. Y eso es lo que todos como sociedad deberíamos hacer. La estrategia tampoco pasa por negar el dolor o la enfermedad sino mantener al máximo la calidad de vida.

En un mundo lleno de falsos profetas, de curaciones mágicas y de personas que ofrecen excelentes soluciones sin mayor esfuerzo que dan un montón de dinero, es necesario recuperar lo básico, es decir, tratarnos con amabilidad, con respeto, con profesionalismo y no olvidar que somos personas deseando vivir sanos y plenos.

Mostrar empatía y/o espiritualidad frente a un enfermo  favorece la armonía y la confianza en la relación clínica, rompe mitos y barreras. Los enfermos pueden tolerar la incurabilidad, los tratamientos complejos, pero no pueden vivir sin amor ni esperanza. Incluso, cuando el día es difícil y la noche más oscura sé que hay una luz al amanecer y que eventualmente el bien, la esperanza y la amabilidad son mucho más poderosos para enfrentar los momentos no tan buenos. Eso mismo deseo transmitir a los enfermos que confían su salud a mis manos. U

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